Si llovía, el valle transformaba ostensiblemente su fisonomía. El jadeo de los trenes se oía a mayor distancia y las montañas se peloteaban con sus silbidos hasta que éstos desaparecían, diluyéndose en ecos cada vez más lejanos, para terminar en una resonancia tenue e imperceptible[...] En el verano, las tormentas no acertaban a escapar del cerco de los montes y, en ocasiones, no cesaba de tronar en tres días consecutivos.
2 Comments:
Saludos de Hérpeta.
Cuidado con ese pelo, Carlitos.
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